El dominio de la tierra por parte del hombre no estará, por tanto, basada en relaciones de poder sino en relaciones de reciprocidad responsable donde su justa labranza y cultivo conllevará su cuidado y custodia.
En la cosmovisión cristiana, el universo material, cuyo fin “está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzado por Cristo resucitado” y al cual el ser humano está llamado a reconducir a todas las criaturas está abierto a la trascendencia y, por eso, contiene en sí mismo y en cada una de sus criaturas el lenguaje del amor de Dios.
Mirando el ejemplo de Jesucristo. Francisco nos insiste en tres puntos fundamentales en la contemplación y participación en la creación reconocemos la relación paterna que Dios tiene con todas las criatura en Jesús vemos la necesidad de vivir en contacto permanente
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